
Hoy nos ha ocurrido un suceso que por su situación y analogías nos recuerda a algunas problemáticas planteada recientemente en nuestra tierra.
Nos tocaba la búsqueda de la latitud 0,0. Para llegar al monumento de la Latitud 0, podemos o contratar una excursión, o tomar un taxi o utilizar transporte público. Nosotros, que en estas cosas somos lowcost, decidimos lo último.
Quito tiene una red muy buena de transporte público y de taxis públicos, privados y “piratas”. Unos precios muy competitivos.....0,25$ el metrobus, bus urbano, trolebus, ecobus y 0,40$ la bajada de bandera del taxi legal, lo demás a ojo y si eres guiri “zapatazo”.

Para ir a la “Mitad del Mundo”, cogemos el metrobus hasta Ofelia o Terminal del Norte en Quito es casi 1 hora de bus y allí ocurrió lo que os vamos a narrar:
Salimos desde la zona del parque Alameda y de allí al final de la línea, el metrobus es
n carril por la avenida central exclusivo para buses metro y trolebuses. Entras en un pasillo, pagas los 0,25$ y espera a que se abran unas compuertas a media altura que coinciden con las puertas del metrobus. Hay vigilantes y personal que te facilitan el cambio.
Pues bien, en una de estas paradas subió un “pasajero de cuatro patas, orejas y rabo. Se metió entre los pasajeros, nadie sabía si estaba el dueño. El caso es que se puso en posición fecal en el pasillo y ahí nos dejó unos cuantos regalos de distinto tamaño.
El pobre can asustado por la reacción de la gente se escondio entre los asientos y nadie sabía si se había bajado en la siguiente parada o qué. Todos los que estábamos de pie, cuando el bus empezó a vaciarse aprovechamos a ir hacia adelante.
Los que estaban sentados no querían perder el sitio y acompañaban al “regalo móvil”. Móvil ya que al descender o ascender el bus la gravedad “latitud 0” también lo desplazaba y esparcía.
Perplejos ante la situación avisamos al conductor lo acontecido, el chofer no daba crédito a lo oído, pero cuando fuimos más de 5 pasajeros con la misma historia llamó a Central...............En central pensaban que el chófer había bebido ya que les tuvo que repetir la historia varias veces.
Pero esto no es lo peor, en Ecuador suelen subir “buscavidas”, cantando, acompañados con un radiocasette última generación. En la siguiente parada sube el “Serafín de Quito”, con un bastón, pone el “loro” a sonar y se pone a cantar. Mientras estuvo adelante cantó y recogió propinas, no sabemos si cuando llegó al final le avisaron o topó con alguno objeto móvil no identificado.
Todos los que estábamos de pie junto al conductor, la gente sentada se repartía por el doblebús los de atrás soportando como se movía la masa. El ciego cantando acercándose a la bitxa.
Creemos que al final alguien hizo de lazarillo y condujo al ciego hasta la puerta de salida y no tuvo un encuentro físico ya que visual difícilmente o sí?. Desconocemos la sensación del cantante pero sus sentidos algo extraño notarían.
El viaje seguía y nos acercamos a certifcar digitalmente la situación del fondo. De repente asoma al can ajeno a los regalillos, como si él no hubiera sido, se pasea por el bus y en una parada dócilmente es invitado a salir.


Uno de los sentado sufridores consigue llevarlo a la puerta y consigue que como los demás viajeros salga en el apeadero..
Nos quedamos todos pensativos si el dueño iba con él y cómo pudo pagar el pasaje, con lo controladas que están las paradas. Pica-pica, guardia de seguridad, pasajeros, etc. Al final pensamos que ha sido un polizón que de gusto a la hazaña conseguida.............
Avisada Central cuando llegamos a la estación el metrobus queda fuera de servicio.
Y el dueño del perro pensará: dónde quiera que esté el perro es mío.






















